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Ago 20

Unos dientes limpios, el deseo de todas las civilizaciones

La blancura y la limpieza de los dientes no es una preocupación moderna, existe evidencia que desde los remotos tiempos de los egipcios, ya se consideraba que tener dientes blancos y limpios  era señal de alcurnia, a tales efectos preparaban una mezcla de piedra pómez, sal, uñas de buey, cascara de huevo, mirra, hojas de menta, iris  y pimienta, que puede decirse que es el primer intento de crear una mezcla para la limpieza de la dentadura.

También para los persas resultaba importante la limpieza bucal, para lo que preparaban una mezcla de pintura y agua boricada, que aplicaban con un pincel sobre dientes y encías.

Una información que resulta sorprendente es que fueron muchos los grupos humanos que utilizaron la orina como método de mantenimiento y limpieza de la dentadura, entre ellos los iberos, los celtas, los germánicos, los griegos y hasta los romanos. La razón de su efectividad es el amoníaco, el cual no solo es un potente limpiador, sino que ayuda en la conservación de las piezas dentales, al evitar las caries. Esta práctica, que hoy a muchos puede parecerle repulsiva, siguió utilizándose hasta el siglo XVIII.

Sin embargo el medico del emperador Claudio, Escribonius Largus es considerado por muchos el inventor de la pasta dental, pues en el siglo I preparaba una fórmula compuesta por miel, cristal machacado, vinagre y sal,

Otras civilizaciones antiguas  también mostraron interés en el cuidado de los dientes, entre ellos los chinos que utilizaban espinas de pescado y los árabes que empleaban un trozo de rama de un arbusto para limpiarlos.

Durante la edad media, no hay evidencia de que se usara algún método diario para la limpieza dental, pues el cuidado de los dientes aparentemente se le dejaba a los dentistas, quienes conforme a los requerimientos de los miembros de las cortes acudían a extraer piezas y eliminar el sarro.

Más adelante en la historia, se han encontrado evidencias que los mayas y las tribus negras del Alto Nilo también se preocupaban por la salud bucal. Los primeros usaban un producto que provenía del mar y que los misioneros describían como un betún y los segundos quemaban el excremento de la vaca y con las cenizas se limpiaban los dientes.

La fórmula de dentífrico más parecida a la que actualmente se utiliza, fue desarrollada por Samuel Colgate, en 1873 aunque en realidad este era un polvo que se vendía en tarros de cristal.

Washington Sheffield, también desarrollo un dentífrico, este presentaba una consistencia cremosa lo que le permitió introducirlo en un tubo plegable como el que ya se usaba para la época para contener las pinturas al óleo.

La practicidad y lo higiénico que resultaba esta forma de envasado, hizo que la compañía Colgate la adoptara en el año 1896 para su pasta de dientes, gracias a lo cual y al desarrollo de una agresiva campaña publicitaria, logro convertirse en el método más popular para la limpieza dental.

Muchos avances en cuanto a investigación en materia del cuidado de los dientes han ocurrido desde el ya distante siglo XIX hasta hoy, lo que ha llevado a la aparición de cremas dentales específicas para cada necesidad, y etapa de la vida, así como también el surgimiento de otras marcas comerciales.

Gracias a ello comprar dentífrico en la actualidad hace posible que Marta, una trabajadora de la empresa de localización de arquetas, pueda llevar una pasta dental indicada para su hijo pequeño , otra para ella que sufre de sensibilidad en los dientes y otra específicamente formulada para las personas mayores y que es la que utiliza su madre.

Afortunadamente los tiempos del uso de otras prácticas que hoy pueden parecer un tanto insalubres ya pasaron a la historia.!!